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El surgimiento de una frase |
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Escrito por Adelmo Montalvan Estrada
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Quizá una de las mayores satisfacciones intelectuales que se pueda tener es ser partícipe de la creación de una frase idiomática, cuyo conocimiento identifique infaliblemente la pertenencia de una persona a un grupo educacional, cultural, y familiar (como lo son todos los que hemos pasado por la maravillosa Vocacional Máximo Gómez Báez). Si Ud dice en algún lugar “Voy a la parra” y alguien le entiende, puede estar casi completamente convencido de que esa persona ha tenido algún nexo con la Vocacional, a partir del año 85 y, al menos, hasta los años 90. Y es que esa expresión es muy de los estudiantes de la Vocacional y su génesis corresponde a dos buenas perlas para la ocurrencia y las bromas (Rafael Lechuga y Erlán Sánchez) que la gestaron a mediados de los 80. El caso es que en el pre impartía clases de Física un profesor de apellido Parra, que tenía un párpado caído (gacho) lo cual daba la sensación de estar siempre en los brazos de Morfeo; por analogía la expresión de ir a la parra se fue empleando con el significado de ir a dormir, o simplemente descansar (ocupación de mucho arraigo en nuestras vidas estudiantiles). Con el tiempo esa frase fue ganando en aceptación y se transmitió de generación en generación al menos hasta los 90. En realidad desearía conocer si los estudiantes del siglo XXI aún la conservan en su acervo lingüístico; de no ser el caso propondría una campaña para su rescate. Y ahora, con su permiso, me voy a la parra.
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