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Túneles (segunda parte)
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Escrito por Eduardo Borges Cánter   
Me parecía raro que el Director enviara por mí a esa hora para hablar de los túneles y como era mi costumbre comencé a tratar de adivinar. Así creía yo que me preparaba para las discusiones, luego la vida me cambió el hábito, pero bastante estrés y decepción que me traía tal mañita, pues pocas veces acertaba y aquella no fue excepción. Miguel, el amigo que encontré el domingo en el parque con Keanu Reeves – aunque ahora no podría asegurar que estuvieran juntos, diablos, tengo que releer Declaración – fue el que me recordó la historia de Ricardo.
Ricardo estaba en el preuniversitario cuando Michael Scofield usaba pañales desechables – igual de caros desde entonces – y se había fugado tantas veces de nuestra escuela, como para darle a los guionistas de la FOX argumento para ocho temporadas. No necesitó nuestro personaje tatuarse las rutas de escape, él las había memorizado todas. Tenía un camino distinto para cada oportunidad y destino, reduciendo los riesgos de que lo atraparan.
Una de las tías tenía la costumbre de entrar al albergue y quitar las sábanas a todos los que habían quedado durmiendo un poco más que lo permitido por el Din Don mañanero. Tal costumbre la perdió cuando una mañana, al retirar la sábana a nuestro Ricardo, se lo encontró desnudo y … bueno … basta decir que la altura de la gracia le valió a nuestro amigo quedarse sin pase. Poca cosa eran las cercas de la escuela para él y menos cuando su novia, Vilma, saldría de pase. Esperó la noche, escogió el trillo más seguro y escapó.
Iba en la ruta 22, anticipando en su mente la alegría que le daría a Vilma. Sólo tenía el tiempo para un par de besos.
Esto pensaba nuestro amigo en la ruta 22, cuando vio a su novia tomada de manos con Raúl. Se apeó en la siguiente parada. Los vio sentarse en un parque y besarse; entonces dio la vuelta y regresó, pero no a la escuela. En la fábrica de cerveza bebió hasta rendirse y dando tumbos se encaminó al albergue. Todo giraba a su alrededor, ¿o era él quien giraba?, la tierra parecía hundirse y entonces sintió que flotaba en el aire, cayendo lento, jurando que jamás se enamoraría y maldiciendo a todas las mujeres desde Eva y a Adán por dar su costilla para tal maléfico invento.
Cuando regresamos de pase tuvimos que ir al policlínico de la escuela. Allí estaba nuestro amigo todo magullado. Lo habían encontrado en el túnel detrás del anfiteatro.
“Seguro otro que se cayó en un túnel” – fue la hipótesis que me hice antes de llegar a la Dirección General, pero cuando abrí la oficina del Director, lo encontré con Yamilet, Oscar y un compañero vestido de verde olivo, con unas estrellas gordotas en la charretera … Continuará
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